Juan Gil Navarro

Gráfico prearticulo Juan Gil Navarro

Galán, pero principalmente actor. Que en los 15 años que lleva en la actuación supo interpretar desde un príncipe azul hasta un mafioso. Elegido por el público como uno de los mejores actores jóvenes del momento.
“El sabor del agua de PSA es increíble”

En esta nota nos cuenta sobre sus comienzos, la televisión de hoy y además comparte algunas anécdotas con la familia de PSA.

PSA: ¿Notas la diferencia en el gusto del agua PSA?

Juan: Si, es asombroso no sentir el gusto a cloro. Volver a sentir en el agua lo que me pasaba cuando iba de mochilero al sur, y una de las cosas más fantásticas era caminar, tener sed y agarrar la cantimplora en el arroyito… el gusto ese es el que sentí cuando probé por primera vez el agua de PSA. ¡Es increíble!

imagen Juan Gil NavarroPSA: ¿Para qué usas el purificador?

Juan: ¡Para todo, el purificador es fantástico! El agua no tiene sabor metálico, no se forma sarro en la pava, el mate tiene un gusto completamente distinto. No soy de tomar mucha agua, y ahora con PSA trato de obligarme a tomar por lo menos un litro y medio. Es una cosa completamente distinta, ¡el agua de PSA es increíble! Es muy fuerte cuando sos conciente de lo que tomarías al ver como cambia el color del filtro, ¡hasta que llega a negro! ¡Todavía no lo puedo creer! Cuando abrís una canilla en cualquier lugar, es imposible tomar, porque te acostumbrás al agua de tu canilla PSA.

PSA: ¿Por qué eligiste ser actor?

Juan: Cuando tenia 14 años, me llevaron a ver “El Don Fausto” en el Teatro Alvear; el personaje le vendía el alma al diablo y me acuerdo que me maravilló ese señor que hacía del diablo. Además, en ese momento en Telefe estaban pasando los ciclos “Amores” y "Atreverse”, que eran de Doria; esas cosas hicieron que me dieran ganas de meterme en la actuación, y por supuesto una cantidad de cosas de cine. Lo que pasa es que el cine para nosotros, sigue siendo un lugar como inalcanzable, porque los costos y las posibilidades de hacerlo son muchísimas menos. En algún punto estamos más obligados, al menos hasta que se te conozca, a pasar por la televisión para lograr una determinada popularidad y luego poder elegir un poco mejor.

PSA: ¿Ahí empezaste a estudiar?

Juan: Si, empecé a formarme con gente de teatro independiente, del Teatro Pairó. Después fui a otra cantidad de talleres, y cuando terminé el secundario quise empezar el conservatorio pero me disuadieron, me dijeron que me iba a morir de hambre. Así que estudié Redacción Publicitaria, Administración de Empresas, y otras cosas más... hasta que empecé a trabajar en televisión a los 23 años.

PSA: ¿El programa ”Montaña Rusa otra vuelta” fue lo primero?

Juan: Si, una vergüenza, voy a devolver la plata. ¡Todos tenemos muertos en el placard! (risas). Lo que me enseñó este tiempo en televisión, porque en teatro y en cine las cosas son distintas, es que la tele es el universo de lo posible. No se hace lo que uno desearía porque hay otros intereses, y a veces es más importante lo que conviene medir, o la venta al exterior de un producto, que la calidad del producto en si mismo.

PSA: ¿Ahora importa sólo el raiting?

Juan: Claro, ¡cuando yo veía tele el negocio también era la calidad! Hoy el negocio de la tele ya no es la calidad, son esporádicos los productos de calidad; y si las cosas se salvan es a costa de la fuerza de actores y actrices que no se resisten. Hoy te ponen a competir con programas que ni siquiera tienen que ver con ficción. La tele es puro escándalo, cambalache, entonces ¿cómo compite un cuento con un escándalo? ¡es imposible!

PSA: ¿Cómo fue ser el príncipe de “Floricienta”?

Juan: Eso se me presentó casi de manera mágica, estaba haciendo un demonio en “Soy Gitano”, y Cris Morena tuvo el ojo de decir ese va a ser el príncipe. Y ahí me llamó para hacer mi primer protagónico. Preferí hacer un sólo año, porque si bien no estoy en contra del negocio de nadie y me gusta el dinero como a cualquiera, creo que hay maneras de ganárselo y para mi no quedaba nada por contar. Creo que si uno no arriesga a determinada edad después no lo puede hacer.

PSA: ¿Cómo fue esa época de llenar teatros y hacer recitales?

Juan: Fue lo más aproximado a ser una estrella de rock. Llenamos varios Gran Rex, estadios en México, Israel, ¡y también llenamos dos Vélez! No lo podía creer. Me acuerdo que el segundo día, había una cortina metálica en el escenario que te permitía ver al público sin que te vieran; y antes de que empiece el show, me senté a escuchar “U2 en vivo”;
veía a la gente y jugaba a que era Bono (risas). Era increíble ver a toda esa gente gritando por nosotros ahí.

PSA: Debe ser raro para un actor.

Juan: Si, es tremendo. Levantar una mano, saludar y que todos se desesperen. Una vez, viajando entre la frontera Checa y Húngara me paró un oficial de seguridad, me agarró el pasaporte -bien de película de la guerra fría-, miraba el pasaporte, me miraba a mi, se va, y vuelve con otro más, me miran y me dice: ¡Don freezer! por el Príncipe de Floricienta. Y me empezó a contar en alemán, (idioma que hablo porque fui a un colegio alemán) que su sobrina había mirado “Floricienta”; me pidió por favor que le firme un autógrafo. Yo no lo podía creer, estaba en el medio de la nada.

PSA: ¿Cómo preparaste el personaje de Nicolás Duarte en “Vidas Robadas”?

Juan: Me imaginé como era un chico de la calle tomado por alguien (Marrale) que no tiene buena interpretación de la moral, del amor, de la justicia. Y en realidad era como una víctima. Es como si te enojás con un chico de 13 que viene a robarte. De qué cosas es víctima ese chico que tiene que salir a robar, ¿quién es el verdadero culpable? Por supuesto que tiene que tener una pena, pero es un tema complicado, porque es cierto que el tráfico de personas, el narcotráfico, deja víctimas inocentes. ¡Vivimos en una sociedad muy compleja!

PSA: En “Vidas Robadas” tocaron temas que escapaban al melodrama tradicional.

Juan: Si, por suerte escapaban y afortunadamente lo quisieron sostener, porque no fue algo que midiera tan alto, pero era necesario contar esas historias. Fue importantísimo contar el tráfico de personas, recuperar chicas, conseguir la media sanción de la ley. El programa, humildemente, contribuyó a tomar conciencia. La tele es un instrumento de comunicación maravilloso, el problema es cuando es más importante el negocio.

PSA: ¿Qué evaluas al momento de elegir un personaje?

Juan: Ahora con el personaje de Nacho, en “Secretos de Amor”, pasó que teníamos muchas ganas de hacer algo juntos con Adrián (Navarro) desde el final de “Vidas Robadas”. De repente apareció “Secretos de Amor”, y yo planteé que no quería hacer un villano como el de “Vidas Robadas”, entonces diseñaron este personaje. Es un psiquiatra que es un genio perverso que descubre una pastilla para no sentir dolor. Él pone su genialidad al servicio del negocio, y en el medio de eso se enamora de María Abadi (Luz), la hermana de Adrián. A partir de ese momento, empieza a tener un sentimiento encontrado porque, por un lado, se enamora por primera vez y, por otro, está toda su codicia.

PSA: ¿El éxito te cambió?

Juan: No, yo creo que el cambio sucede si había algo latente en vos, es decir, alguien que se la creyó siempre va a mostrar la hilacha cuando tenga la oportunidad de hacerlo. El éxito no te cambia como persona, sí te da la oportunidad de mostrar lo que sos.

PSA: ¿Cómo acomodaste tu vida a los momentos de grabaciones, teatro?

Juan: Con Nati, mi esposa, somos bastante gitanos, lo vamos a modificar cuando tengamos un hijo, pero por el momento nos manejamos bien. Hay mañanas en las que no grabo y tengo la suerte de estar en casa desayunando con ella, mirando el sol por la ventana. En cambio, haciendo teatro sabés que de miércoles a domingo vas a contra mano, pero tenés todos los mediodías para estar en tu casa.

PSA: ¿Cómo manejas el tema de las fans?

Juan: Ahora estoy más tranquilo, la época de “Floricienta” fue complicada. Estaba solo y era muy raro porque no salía demasiado a la calle.

PSA: ¿Alguna anécdota que recuerdes de las fans?

Juan: Si, me acuerdo las primeras vacaciones con Nati, que fuimos a Córdoba. Se armó un lío de fans alrededor me incomodaba, porque ella no tiene nada que ver con ésto y no quería que ella se asustara pensando “la vida con este tipo al lado siempre va a ser así”; ir a comer es imposible, ir a un súper, a un cumpleaños. Igual hay gente muy educada, y en el interior la gente tiene más respeto. Es muy loco lo que pasa. Cuando salíamos del Gran Rex en una combi con el elenco de “Floricienta”, cortaban la calle y las madres soltaban a los chicos y le pegaban a la camioneta; ¡no lo podía creer! Es un delirio, un fanatismo increíble. Lo puedo entender por Lennon, por Mick Jagger, pero no por un actor de tele.

PSA: ¿Algún ídolo con el que te gustaría trabajar?

Juan: Hay miles. El otro día le dejé un mensaje a Enrique Piñeiro, el director de cine, porque tengo muchas ganas de tener una entrevista con él para trabajar en alguna de sus historias. Me gusta Solá, Alterio, tuve la suerte de trabajar con Pepe Soriano y Alcón, y muero de ganasde volver a trabajar con Alcón. Si alguna vez tuviera la remotísima posibilidad de trabajar con alguien de afuera, sería Hopkins que me parece el actor más completo.

PSA: A la hora de ser público, ¿qué preferis el cine o el teatro?

Juan: Está balanceado, me gustan mucho las dos cosas. Le escapo más al teatro porque la sala de cine tiene más horarios, y puedo irme a las 11 de la mañana y tener la sala para mí solo, y me gusta jugar con ese anonimato.

PSA: ¿Qué proyectos futuros tenes?

Juan: Estamos tratando de armar una película con Adrián Navarro, y le estamos dando vueltas al guión. Me está picando cada vez más fuerte la escritura como opción de complemento del actor. Pero bueno, estoy ahorrado para comprarme el techo y tengo que seguir actuando.


¡Muchas gracias Juan por compartir con nosotros tu vida y trayectoria!

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